jueves, 17 de enero de 2008

En mi otra vida fui perro.

Siempre he tenido la sospecha de que en mi otra vida fui perro ya que en mis múltiples deja vus lo he visto.

Hoy llegue a la conclusión de que en efecto, si era perro y hasta se que cuando era perro chavo (léase cachorro) era de casa y todo el asunto, comida segura, niños con quien jugar, mucho suelo pa miar y cagar así como muebles y zapatos para morder.

¡Miren nomas que chulo que estaba cuando chavo en mi otra vida!


Ya con el paso de los años como todo perro que al crecer pierde la gracia y el gusto de la familia me remitieron a la azotea, ahí en mi Acapulco de tendederos, llantas viejas, tinacos y sol a todo lo que da, ahí me aventaban mi cacerola con caldo de pollo frió y gelatinoso con tortillitas en cachitos remojados... ¡Patético! así que después de algunos años de despintarme el pelaje a sol pelado escape pues la calle era mi destino además...

¡Miren nomas como me dejo el sol!

Como todo perro me adapte a las circunstancias y al entorno, comía donde quería y me sabia todas las calles del DF, era chido hasta que un día iba yo por el eje central y se me ocurrió ir a una plaza pues escuche muchos gritos y gente osease... ¡Comida gratis! y que me lanzo. Había mucha gente, sobre todos chavos todos gritonenado cosas y miren que se empezaba a poner bueno el asunto ya que comenzaron los fuegos pirotécnicos, unos rojos muy bonitos que aventaban desde un helicóptero y después los cuetes muchos cuetes, no se porque la gente comenzó a correr, después sentí un golpe en la cabeza acompañado de un zumbido para después no recordar nada... Nada.

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