Encuentro muy poético el comprar un boleto, abordar el tren naranja, ver en sus vagones a la gente, vendedores y demás criaturas que ahí convivimos, bajar en la estación en la que quede de verme (que por lo general es debajo del reloj de alguna estación o bien en los torniquetes) entonces: Comprar un boleto para ir a intercambiar o comprar boletos… ¡Poesía pura!

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